En todos los noticiarios podemos ver con horror las imágenes de la caza de focas de Canadá, que este año y con aquiescencia del gobierno los cazadores abatirán hasta 330.000 animales, focas harpa jóvenes cuya piel es preciada en la industria textil, y cuyos subproductos Canadá exporta a todo el mundo. Las focas son una mina de oro y su caza, disfrazada de "control ecológico" por los argumentos oficiales.
El caso es monstruoso, como lo puede ser la matanza de perros y gatos para pieles y consumo de su carne en China, como el escandaloso caso del artista "Habacuc", que ató un perro y lo dejó morir de hambre en su intervención artística en un museo caribeño. Casos aberrantes que, por su misma espectacularidad, opacan la masacre diaria que viven miles de animales en mataderos, laboratorios de investigación, granjas y otros centros de tortura y exterminio en todo el mundo.
No porque existan casos de extrema crueldad, tenemos que olvidar la masacre sistemática y diaria que por nuestra culpa sufren otros animales, seres sintientes capaces de sentir dolor y de tener interés en preservar su vida, la de sus crías, la de su clan. EN ESTA CULPA RADICA NUESTRA RESPONSABILIDAD, y darnos cuenta de ella es un primer paso para terminar con la tortura de estas vidas miserables. Y esta es una invitación para avanzar en ese camino de la justicia entre especies.
Fuente imagen: The Sun.

La lucha entre especies en la tierra está, por el momento, resuelta. En la búsqueda evolutiva por nuevas y mejores formas de sobrevivir y multiplicarnos, hemos dado con una adaptación potente y general. Nuestros cerebros son capaces de crear tecnología para manipular la materia, la energía, y la información, a una escala muy por encima de nuestras limitaciones físicas como primates. Esta adaptación nos pone muy por encima de todos los demás animales en la Tierra.




