Esta semana, el Parlamento holandés aprobó la prohibición de la zoofilia (bestialismo, el acto de mantener relaciones sexuales con un animal no humano). Esta práctica, que personalmente me parece aberrante por cuanto se usa arbitrariamente a un ser vivo que no tiene la capacidad de consentir -como en el caso de los abusos infantiles-, es una práctica muy silenciada, que incluso según en qué lugares o países, se toma como broma o como una muestra de "costumbrismo" sin más importancia que lo folclórico del hecho.
Cuando esta semana el parlamento holandés decidió prohibir la práctica, también se hizo reseña graciosa de la noticia, como si fuese "otra más" de los holandeses, o como si las legislaciones normalmente contemplasen esta práctica. Pues no: en gran parte de Europa no existe ninguna mención a la zoofilia, que es, por lo tanto, totalmente permitida por la ley, incluso en países que en materias de legislación y protección de los animales son adelantados, como Alemania, Suiza, Bélgica o Dinamarca.


Fines del siglo XIX. Personas y familias completas africanas son expuestas tras las rejas en el Jardín de Aclimatación de París. No es una imagen de ciencia ficción: sucedía normalmente durante el colonialismo francés e inglés, y visitar el Jardín era una actividad recreativa familiar para los blancos europeos, que tenían así la oportunidad de estar en contacto con el salvajismo y exoticidad de estos ejemplares subhumanos.

Para muchos que venimos de países donde no existen las corridas de toros, nos resulta escandaloso comprobar que no sólo en éstas se tortura a estos nobles bovinos: toros embolados, toros al agua, encierros, vaquilladas, novilladas, entre un largo etcétera, van tiñendo de rojo sanguinolento la geografía española.

