Los informes tratando de crear dudas respecto a la agricultura orgánica están, de repente, inundando los medios. Existen dos razones para esto: primero, las personas están hartas del asalto corporativo de los tóxicos y transgénicos. En segundo lugar, las personas recurren a la agricultura orgánica y los alimentos orgánicos como una vía para detener la guerra tóxica contra la tierra y contra nuestros cuerpos.
(Artículo de la Dra. Vandana Shiva "Myths about industrial agriculture", Al-Jazeera 23/09/2012. Traducción de Ecosofía)


Desde la revolución verde de los años '50, los animales han sido sacados de la escena bucólica para ser encerrados en la granja de producción intensiva. Esto se ha transformado en uno de los más grandes holocaustos de seres vivos en todo el planeta para abastecer una industria en crecimiento permanente debido a la alta demanda de carne y proteínas de origen animal. Frente a esto, muchas empresas que se dedican a la explotación animal han desarrollado una serie de términos para etiquetar sus productos y hacer creer a los consumidores que éstos han sido obtenidos de manera "humanitaria". En un esfuerzo estratégico por tomar ventaja de las "buenas intenciones" y/o la "mala conciencia" de los consumidores, las empresas nos aturden con mensajes contradictorios de la realidad que viven los animales. Es así como vemos al pollo feliz picoteando el pasto, o bajo el reclamo "alimentado con maíz", en imágenes a la usanza de la granja tradicional: pero lo que sucede en realidad, es que los animales que son utilizados, criados y asesinados por obtener estos productos sufren los mismos tormentos, vejaciones y malos tratos que los de la carne "normal". Después de todo, siempre serán animales criados para comida. Nada más que eso.

