El embarazo, el parto y la lactancia son parte importante de la vida de muchas mujeres y sus recién nacidos; pero también lo son para una cantidad inmensa de seres vivos de otras especies, mamíferos como nosotros, con los que compartimos una serie de características físicas y psicológicas. Caitlin Campbell, la joven madre de la niña lactante cuya foto ilustra este artículo, reflexiona en este texto sobre el hecho físico y emocional de la maternidad y la lactancia, invitándonos a todos a re-pensar esa conexión tan íntima y única que conecta a las hembras y sus crías en todas las especies de mamíferos.
[Artículo de Caitlin Campbell "A Young Mother's Plea to Mothers Everywhere", publicado en la web de Free from Harm. Traducido con el permiso de la autora por Ecosofía].

En mis interminables búsquedas de información, encontré un libro imprescindible: Why we love Dogs, eat Pigs and wear Cows, an introduction to carnism, firmado por la psicóloga social y profesora de psicología de la U. de Massachussetts, Melanie Joy. En él, explica el concepto de CARNISMO, que referenciaré brevemente en este capítulo, como primera entrega.
Este mundo anestesiado frente al dolor de otros seres vivos tiene que despertar. Es un mínimo ejercicio de inteligencia y lucidez.

El 1 de noviembre se celebra en todo el mundo el Día Mundial del Veganismo: una dieta libre de productos y subproductos animales, motivado por la compasión y la búsqueda de una alimentación saludable, que considera éticamente a los animales.

Hay varias reacciones típicas y repetidas cuando uno dice que es vegetariano. Una de ellas es: "¿y tú no crees que las lechugas sufren también cuando las arrancan o te las comes?", siempre dicha con un aire de "mira que ocurrencia más original he tenido, ¡qué inteligente que soy!". Es difícil responder a un comentario así, porque casi siempre aparece en un entorno trivial en que una discusión acabada está fuera de lugar. Lo único que queda en una situación así es responder con un slogan muy breve pero ¿cuál?